Los ciudadanos diputados y senadores han cumplido con su tarea legislativa
y han aprobado las reformas fiscales que serán aplicables al ejercicio 2008,
sin que esto implique, necesariamente, que hayan cumplido
su compromiso moral y social con la nación.
Este vertiginoso proceso sólo terminará con la publicación en el Diario
Oficial de la Federación de los diversos decretos que formalicen y validen
las nuevas disposiciones que nos regirán en el futuro. Ello no limita que
avancemos en su estudio y en la preparación de nuestros procesos
de cara al próximo año.
En muchas ocasiones fuimos testigos de maratónicas sesiones en el
Congreso para llegar a acuerdos en relación con la reforma fiscal, que no en
pocas ocasiones se dieron en los últimos días del año o inclusive el 31 de
diciembre para entrar en vigor el 1 de enero, eliminando nuestra justa
necesidad de estar preparados para afrontar los cambios y efectos de las
extensas modificaciones.
Afortunadamente en esta ocasión no es el caso, ya que contamos con tiempo
suficiente para comprender el alcance y las repercusiones de disposiciones
tan trascendentes como los nuevos impuestos, el empresarial a tasa única y
el de a los depósitos en efectivo, así como otras reformas que no gozaron de
la atención mediática pero que no por ello resultan menos importantes.
La primera tarea consistirá en reconocer todas aquellas disposiciones que
afectarán nuestra esfera empresarial o de negocios. La segunda, preparar e
implementar las medidas necesarias para cumplir con dichas disposiciones,
evitando en lo posible, dentro del marco de la ley, el impacto económico que
siempre resulta preocupante.
Sabemos que esto no es fácil, es por ello que PAF, La revista fiscal de
México, considera en estos momentos su principal prioridad: poner al
alcance de nuestros apreciados lectores las herramientas que faciliten el
tránsito a una comprensión completa de todo lo que implica la reforma
fiscal para el próximo año.